“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños”. (Mateo 11:25)
En la sociedad actual en la que vivimos se hace muy difícil el poder hablar de Dios a las personas que te rodean. Sinceramente el tener una conversación sobre algo transcendental se hace bastante complicado. Sean familiares, amigos o compañeros de trabajo siempre nos encontramos con las mismas preguntas ¿Si Dios es tan bueno por qué permite el mal? ¿Si hay un solo Dios por qué hay tantas religiones? ¿Cómo voy a creer en lo que no veo?
A veces por “miedo” al qué dirán o por “prejuicios” la conversación se desvía hacia otra área de la vida, sea la familia, el trabajo o el ocio. ¿Pero que es el miedo? El miedo es una sensación de alerta y angustia por la presencia de un peligro o mal, sea real o imaginario. Pero porqué nos sentimos amenazados cuando nos hablan de Dios, porque tanta desconfianza. ¿Y que son los prejuicios? El prejuicio es un juicio u opinión, generalmente negativo, que se forma de antemano sin motivo y sin el conocimiento necesario. No será entonces que el motivo principal para hacer esas preguntas es la ignorancia.
Por otro lado, también me encuentro con personas que tienen deseos de trascender, de buscar lo espiritual por medio de conferencias o charlas que tanto pueden hablar de religión como de filosofía. Parece que tienen un deseo voraz por “saber” y “entender”, pero con el paso del tiempo al volver a hablar con ellas me doy cuenta de que están en el mismo punto, pues quieren encontrar la verdad por medio del razonamiento. Como leíamos al principio de este articulo, Dios escondió todas estas cosas a los “sabios” y “entendidos” y se las reveló a los niños.
No sería más sencillo hacernos como niños para encontrar la verdad. En mi caso, limpié mi mente de todo prejuicio y temor, y empecé a buscar a Dios como un niño. Tuve que confiar y pedirle a Dios que si existía yo quería conocerle. No sabía, no entendía, pero aquella petición fue respondida por el verdadero Dios.
“Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 18:1-4)
Desde aquel día han pasado ya 18 años y la seguridad de aquella experiencia ha sido confirmada con el paso del tiempo. A ti, querido lector, te dedico estas palabras con el deseo de que si te encuentras en esa misma situación, te vuelvas como un niño. Sin miedo y sin prejuicios, te aseguro que tendrás la experiencia más grande de tu vida.
“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” (Mateo 19:13-14)