Oh alma, ¡ten ánimo! ¿De qué te sirve la congoja? Dios no te pide demasiado; solamente amar, amar, amar… Tú dices que te cuesta. Yo te replico: ¡Dios es bueno! Sumérgete en Él, oh alma, y ten ánimo. “… no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento". (Salmos 23:4)