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¡Buen día a tod@s!

"Envía tu luz y tu verdad..."

Que la luz de la presencia del Señor y la verdad de sus promesas nos guíen a lo largo de este día. Que nuestro anhelo sea llegar hasta la mismísima presencia del Señor, en una relación personal donde abrir nuestro corazón. Él es nuestra alegría y nuestro gozo.

¡A por hoy cerca de Él!

¿Que has aprendido de Jesús?

Todos conocemos la historia de Marta y María que se relata en Lucas 10:38-42. Quiero destacar varias virtudes de Marta, que habitualmente suelen pasar inadvertidas. Por ejemplo, fue Marta quien aparentemente invitó a Jesús a entrar en su casa y fue ella quien realizó las tareas importantes de la casa, con la única finalidad de cumplir con la conocida hospitalidad de medio oriente y atender al Maestro. Estas cosas no son malas ni condenables, por el contrario, se echa mucho en falta ese espíritu de solicitud y servicio actualmente, donde parece que los creyentes vamos a que nos lo den todo hecho y que sean otros los que realicen el trabajo. Lo triste de esta historia no es que Marta sirviera a Jesús, si no que Marta perdió la oportunidad de escuchar a Jesús, quien sin duda alguna, tendría una palabra directa hacia ella. Así ocurría siempre, allí donde Jesús era invitado, Él correspondía con una bendición especial.
 
En cambio, María aprovechó más y mejor la presencia de Jesús. Dice el evangelio que se sentó a sus pies y escuchaba su Palabra. Ella pudo oír del Maestro la palabra que tenía para ella. Pudo oír las enseñanzas, consejos, historias, experiencias... sí, esto es algo especial y único. Todos los que hemos oído la voz de Dios sabemos que no hay nada más hermoso, ni de más valor, ni más edificante que estar sentado a Sus pies. Después de estar con Él, podemos salir al mundo y vivir intensamente cada momento, cada circunstancia, cada minuto. No importa lo difícil y duro que sea el día si primero estamos con Jesús y oímos Su palabra.

Por desgracia, también todos hemos sufrido pérdidas en la vida cristiana, momentos en los cuales hemos escuchado la voz de Dios llamándonos a la comunión con Él, pero “el afán y la turbación de muchas cosas” que nos tienen ocupados nos ha privado de ese momento. Es una perdida irrecuperable, como la lluvia se pierde en la tierra, como el tiempo que pasó y ya no hay forma de recuperarlo.

¿Hemos aprendido algo durante estos años de vida cristiana? ¿Que he aprendido de Jesús?
Algo nos tiene que diferenciar del mundo que nos rodea. No podemos vivir corriendo de allá para acá, sin tiempo para oír la Palabra de Dios, como aquellos que no le conocen. El salmista dijo “Escucharé lo que hablará Dios a su pueblo, para que no se vuelvan a la locura”. Sí, son tiempos muy difíciles, tiempos de locura, desconfianza, inseguridad, angustia, necesidad, pero quiero decir que Dios tiene una palabra para nosotros en este tiempo, porque a Él, este tiempo que vivimos y tu circunstancia en particular, no le es desconocida ni ajena.

Jesús entiende bien el afán y la ansiedad que reina en este mundo, y nos enseña con unas sencillas palabras: “Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas”. No importa si es el trabajo secular o el servicio a Dios, lo primero es la comunión con Aquél que nos fortalece y capacita para realizar todas las tareas de la vida. Buscar la comunión con Dios, amarle a Él sobre todas las cosas, no es algo que se pueda forzar, es una decisión personal y debe brotar desde nuestro más sincero amor hacia Él.

Esta es sin duda, la primera y más importante lección que un discípulo de Cristo debe aprender: “Alejados de mí nada podéis hacer”.  ¿Has aprendido tú esta lección? ¿Pensáis que Marta aprendió la lección?

Veamos que dice la Escritura al respecto en Juan 12:1-8. Estaba Jesús en Betania, donde estaba Lázaro al que había resucitado de los muertos. Ya han pasado unos meses, y vemos de nuevo a Marta... ¡sirviendo! Sin duda que Marta tenía un corazón agradecido a Dios y lo mostraba mediante el servicio, pero... una vez más, María “escogió la buena parte, la cual no le será quitada”, ungiendo con sus cabellos los pies de Jesús con un perfume muy caro. Repito que la actitud de servicio de Marta es muy necesaria en la iglesia hoy, pero cuando el Señor viene y nos llama, debemos dejarlo todo por estar con Él. María mostró su amor por Cristo estando de nuevo a los pies de Jesús. En esta ocasión, María hizo algo especial: le dio a Jesús cómo ofrenda aquello que tenía de más valor.

La consecuencia de estar con Jesús y escuchar su palabra es imitarle a Él en todo. Entregar la vida a Dios no es un acto inconsciente, sino muy consciente, deliberado y meditado. Es una actitud constante que brota del amor sincero y agradecido. Cuanto más oigo la voz de Dios y más le conozco, más siento la necesidad de amarle y entregarle mi vida. Este está siendo mi proceso en este momento, y puede que sea la forma en la cual Dios actúa, no lo sé, pero si sé que no podemos amar a Aquel a quien no conocemos y no podemos seguir ni obedecer a Aquel a quien no escuchamos.

Quiero seguir el ejemplo de Marta porque siempre la vemos sirviendo a Jesús, pero por supuesto que también quiero tomar el ejemplo de María y mostrar mi amor y devoción a Dios escogiendo estar con Cristo y buscándole en primer lugar a Él.