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¡Buen día a tod@s!

"Prepárate para venir al encuentro de tu Dios"

No apagues la voz de Dios en tu corazón. Abre el oído y sentirás un susurro sobrenatural invitándote a relacionarte con Él. Cada día tenemos el privilegio de venir a su encuentro y disfrutar del gozo de su presencia. La continuidad de estar cerca de ÉL, de considerarle, de vivir en su voluntad nos preparan para el mayor encuentro, el encuentro final que dará paso a una vida eterna llena de plenitud, amor y exquisitez existencial por siempre.

¡A por hoy saliendo al encuentro del Amado!

Mi lecho

En ocasiones el corazón es más profundo y oscuro de lo que pensaba, en ocasiones nos dejamos arrastrar allí, a ese lugar en el que no hay luz, y es prácticamente imposible salir. Algunos tenemos la habilidad de visitar este lugar más a menudo de lo que quisiéramos.

Estando allí, me sorprendí orando por la salvación de las almas en una reunión de oración y no tardaron en llegar los dardos a mi mente. ¿Crees que Dios puede salvar almas, pero a ti no te saca de aquí?  ¡Un momento!, ¿Qué es esto?, ¿A que me recuerdan estas palabras? “¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?... ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados, o decirle: levántate, toma tu lecho y anda?”

Esto dijo a los escribas que estaban allí cuando Jesús sanó al paralítico que entró por el techo. Mi actitud era la misma. ¿Puede salvar a otros, pero mi mal de ahora no lo puede sanar.  Cada vez que leo este texto me  pongo en el lugar del paralítico, de los amigos que lo llevaban e incluso en el lugar de la dueña de la casa que la había puesto al servicio de Jesús para su obra; pero ¿En el lugar de los escribas? Qué vergüenza para mí reconocer esta actitud de mi corazón, incredulidad y desconfianza.

No son pocas las veces en que pensamos que Dios pudo salvarnos del pecado y de la muerte pero no va a ser capaz de solucionar nuestro problema presente, que es temporal y pasajero. ¿Cómo pudimos tener tanta fe aquel día y ahora dejarnos llevar por el peso de nuestro problema o la oscuridad de nuestro corazón?

Jesús siempre tocaba a la gente para sanarla, sin embargo, en este milagro no dice que lo tocase, solo le dijo una cosa: “Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa.”

¿Cómo sabía el paralítico que estaba sanado? Simplemente tuvo fe, se levantó y anduvo. Si eso lo he hecho muchas veces, y funciona, pero vuelvo a estar aquí. Durante la vida cristiana muchas veces volvemos a pelear con las mismas cosas, los mismos complejos, los mismos miedos, los mismos anhelos. Jesús podía haberle dicho levántate, eres sano, corre, vive, salta, viaja… sin embargo le recordó esto: COGE TU LECHO. Yo creo que este joven estaría días sin acostarse ni sentarse ahora que podía estar en pie y correr. Pero una cosa no podría olvidar, su lecho. Toma tu lecho y vete a tu casa.

¿Qué había cambiado? Ahora él era quien llevaba su lecho a donde él quería y no el lecho a él. Ahora tenía sanidad y fuerza para coger su lecho y cumplir con su deber. La condición humana no desaparecerá mientras vivamos en este mundo, pero una cosa ha cambiado, ahora tenemos sanidad y las palabras de Jesús diciéndonos: “Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa”.

 Podemos salir de ese pozo porque tenemos la fuerza del Espíritu Santo en nosotros, no tenemos que dejarnos llevar por nuestro lecho o problema, porque ahora tenemos fuerza y vigor para ponernos en pie. Quizás sea momento de decir, Señor hoy pesa mucho, renuévame las fuerzas porque yo quiero caminar. Nada debe paralizar nuestro andar ni enfermedad ni incredulidad ni la peor de las dificultades, porque Él ya nos ha dicho “!LEVÁNTATE, TOMA TU LECHO Y ANDA! ¡VAMOS!