•  
  •  

¡Buen día a tod@s!

"Bendito el Señor"


Dios es eterno y no está sujeto al espacio-tiempo como nosotros, pero ha decidido vivir con nosotros, en nosotros, y acompañarnos cada día de nuestra vida. ¡Dios está conmigo todos los días de mi vida! Esto es maravilloso, sublime, esperanzador y revolucionario. Hoy no estoy solo, y Dios no es ajeno a mis cargas, mis problemas, mis luchas... Él las sobrelleva conmigo, me ayuda y fortalece. Ninguna carga es demasiado pesada para Él, ni para mí, cuando voy a Cristo y me dejo ayudar por Él.

¡A por hoy, que Dios está contigo!

La liberación de Jesús

“El Espíritu del Señor está sobre mí… me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos”. (Lucas 4:18)


No sé si alguna vez has visitado una penitenciaria, o cárcel, la verdad es que se produce una extraña sensación cuando escuchas los cerrojos de las grandes puertas cerrarse tras de uno; los encarcelados dentro de esos muros quisieran ser liberados.

En el pasaje del Evangelio de Lucas 4 Jesús habla sobre libertar a los cautivos, citando al profeta Isaías, que hace referencia al ministerio que el Mesías llevaría a cabo. Más adelante dice: “Hoy se ha cumplido esta escritura delante de vosotros”. Esta declaración la hace en su ciudad natal de Nazaret. Hoy se ha cumplido.

Jesús quiere libertar a los cautivos, aquellos que están presos entre barras espirituales, lo quiere hacer mediante el poder de la cruz y la resurrección, solo Él puede y quiere hacerlo. Todos pueden ser libertados, pero te preguntarás ¿De qué tengo que ser libertado si no soy esclavo de nada, ni estoy en la cárcel?

Liberados de las preocupaciones
Esta prisión sin duda es la que más víctimas tiene, es como una nube oscura que se asienta sobre las personas. Así era en los tiempos de Jesús cuando los romanos gobernaban sobre Judea, ya que sin duda esto producía un gran malestar.

Luchamos con la preocupación cada día, la preocupación por nuestros hijos, por el trabajo, por el costo de la vida, por el futuro incierto. La preocupación debe limitarse al momento que vivimos. En el Evangelio de Mateo dice: “Basta cada día su propio mal”, ocuparnos de los problemas del día a día, no del pasado ni del futuro. La preocupación va destruyendo la vida, y aunque lo sabemos, no tenemos forma posible de librarnos de ella. En el Evangelio de Lucas Jesús dice que por afanarnos no vamos a aumentar a nuestra estatura un codo, ni siquiera vamos a vivir más tiempo. Jesús quiere liberarnos de este hábito.

Liberados del enojo
¿Quién no se enoja? La mayoría de nosotros nos enojamos, es fácil explotar ante una injusticia o bajo la presión de un momento. En el libro de Eclesiastés dice: “El enojo reposa en el seno de los necios”. Con toda la razón que se pueda tener para enojarse, esto hace de ti una víctima. Nos enojamos con nosotros mismos por ser incapaces de resolver algún problema, o por no vencer algún vicio, o por nuestro carácter. Nos podemos enojar con la familia o con los amigos, también por pequeñas cosas que la gente hace, como de forma desconsiderada caer sobre el asiento del coche, o sobre el sofá de casa, o cuando alguien está masticando de forma ruidosa. Es fácil enojarse porque el culto de adoración se prolonga, o cualquier otro servicio de la iglesia, sobre todo si van a dar un partido de futbol y el tiempo va transcurriendo. De hecho que se prolongue un partido no importa en absoluto, pero no la reunión de la iglesia.


¿Qué diremos de algunos que se enojan con Dios? Ya que le culpan de cualquier desgracia que les ocurre, sea la muerte de un ser querido, pérdida de trabajo, enfermedad, divorcio o cualquier contratiempo. Necesitamos ser liberados del enojo y solo Jesús lo puede hacer. Algunos judíos aceptaban las palabras de Jesús y llevaban la carga para un soldado romano dos millas en lugar de una, que era la requerida, dando de esta forma la victoria al judío.

Liberados de la depresión
Algunos viven vidas solitarias, la chispa ha desaparecido de sus rostros, son esclavos de la depresión. El rechazo trae depresión. Cuando Jesús empezó su ministerio, su pueblo le rechazó. En el Evangelio de Juan leemos que “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. Muchos sientes el aguijón del rechazo, pero Dios nos acepta como somos. Él nos ama. El agotamiento y la fatiga traen depresión. Esa es una razón por la que el Señor hace una gran invitación a todos los cargados y cansados. Venid a Él para hallar descanso.

Liberados de la culpa
Todos hemos conocido y conocemos el sentido de culpa, el pecado lo produce, cuando alguien hace algo malo, su propia conciencia y el Espíritu Santo le hacen sentirse culpables. El descuido del deber nos hace culpables, el evitar la responsabilidad en la vida de la iglesia nos hace culpables ¿Cuántas cosas se podrían mencionar que nos dejan huella?

Alguien puede preguntar ¿Pero cuál es la respuesta al problema de la culpa? Recomiendo se lea detenidamente el Salmo 32, ya que forma parte de la experiencia de una persona, el rey David que tuvo motivos para sentirse culpable, y nos habla de la dicha del perdón, de la liberación, es curiosa la descripción que hace de cómo llegó a sentirse.

¿Y cómo manejar de forma eficiente la culpa? Hay una respuesta doble: Necesitamos aceptar el amor y el perdón que Dios nos ofrece. Volviendo al Salmo 32 dice: “Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad”. El apóstol Pablo en Romanos 8:1 dice: “Ahora pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”, no hay condenación, ni culpa, por el contrario hay libertad, perdón y vida.

Podemos ser libres porque para esto vino el Hijo de Dios, para liberarnos de todo cuanto nos ata, de todas las formas de esclavitud que existen. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, lo dice el Evangelio. Dice el texto de Lucas 4 “… hoy se ha cumplido la Escritura”, porque la declaración del motivo de su venida a este mundo se cumple cada día en cada persona que lo acepta.

¿Quieres ser libre?