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¡Buen día a tod@s!

"Envía tu luz y tu verdad..."

Que la luz de la presencia del Señor y la verdad de sus promesas nos guíen a lo largo de este día. Que nuestro anhelo sea llegar hasta la mismísima presencia del Señor, en una relación personal donde abrir nuestro corazón. Él es nuestra alegría y nuestro gozo.

¡A por hoy cerca de Él!

El Dios de las segundas oportunidades

Si hay un libro de la Biblia y un personaje que siempre me ha llamado poderosamente la atención, es el de Jonás, su relación con Dios y su llamado.

De Jonás podemos decir que fue un profeta de Israel, el reino del norte, en una época oscura para aquellos que querían servir a Dios y hacer su voluntad. No obstante él ejercía su ministerio, "...conforme a la palabra del Señor Dios de Israel, la cual Él había hablado por su siervo Jonás...". (1 Reyes 14:25)

Como curiosidad, contrariamente a lo que pensaban los judíos en los tiempos de Jesús, cuando declaran que "de Galilea nunca se había levantado un profeta"(Juan 7:52), Jonás era de una ciudad a unos 3 Km de Nazaret de Galilea, llamada Gat-Hefer.

Comienza el libro con la misión que Dios encomienda a su siervo "Levántate y ve a Nínive y pregona contra ella para que se vuelvan de su mal camino"; pero Jonás no obedece sino que se va en dirección opuesta. Teniendo en cuenta que Nínive es la actual Mosul, al norte de Irak, y Jonás se dirigió a Tarsis, que se cree puede ser España, el profeta se marcha cerca de 4700 km. lejos de su objetivo. Y es que Nínive no era un lugar cualquiera: era la capital del imperio Asirio, pueblo depravado en gran manera y con un gran afán conquistador en aquella época. Podemos entender porqué Jonás no quiso ir a predicarles.

Se puede pensar que Dios maldice a Jonás enviando una tormenta y haciendo que los marineros del barco lo lancen al agua, pero en realidad lo que hizo Dios fue buscarle continuamente para restaurarlo y que pudiera cumplir la tarea a la que fue llamado. Además de la tormenta, Dios preparó un gran pez que tragara a Jonás y durante tres días y tres noches el profeta estuvo en su vientre, llegando a ser citado por el propio Señor Jesucristo como ejemplo de lo que le había de suceder a Él mismo: "Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches." (Mateo 12:40)

Es en el lugar más oscuro y sombrío que podía imaginar Jonás que vuelve en sí y alza una oración para volverse a su Dios. Jonás sabe que bien podría haber muerto y Dios habría enviado a otro profeta a predicar a los de Nínive; Pero no pasó así: Dios vuelve a dar una oportunidad a su siervo para que realice la tarea que le encomendó. Dios es el Dios de las segundas, terceras y cuartas oportunidades... pero realmente ¿Qué fue lo que angustió más a Jonás? ¿Estar encerrado en el vientre del gran pez? No, su verdadera angustia fue desobedecer a Dios y estar lejos de Él.

El hijo pródigo dijo: "…me levantaré e iré a mi padre" ¿Necesitaremos una tormenta? ¿O un gran pez para que rindamos nuestras vidas a Dios? ¿O es que nos gusta estar en el vientre del Pez?