Dios concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; el valor para cambiar las que sí puedo y la sabiduría para entender la diferencia. Viviendo un día a la vez. Aceptando la dificultad como el camino a la paz y al encuentro contigo. Confiando que Tú harás que todo vaya bien, si me entrego a tu voluntad, con el fin de ser feliz en esta vida. (Oración de San Agustín)