Qué actitud tan sabia, la de aquellos que dejaron todo lo cotidiano para seguir al Dador de la Vida. No hubo un ápice de duda, fue al instante. Que verían en Aquel que les llamó, cómo los llamaría… el resultado fue que le siguieron. Esa actitud viene recompensada por el mismo Dios que convierte más tarde nuestra cotidianidad en algo maravilloso, útil y provechoso.