¿Has pensado en el privilegio que tienes de ser un hijo de Dios? ¡Somos! no dice que seremos o que podamos llegar a ser. Antes de conocer a Cristo, eramos hijos de desobediencia lo mismo que los demás, pero cuando aceptamos a Jesús como Salvador personal, Dios hizo una obra maravillosa de adoptarnos como sus hijos, enviando a nuestros corazones al Espíritu Santo. Ahora somos miembros de la familia de Dios. Este es un privilegio en el cual hoy me quiero gozar y alabar a Dios por ello.