Señor, te llamé al sentir que me caía, y tú, con mucho amor me sostuviste. En medio de mis angustias y grandes preocupaciones tú me diste alegría. Qué bendición tan grande llamar a Dios y sentir y vivir que no sólo te responde, sino que te brinda su amor y te acompaña dando esperanza y propósito a tu vida.
¡A por hoy con gozo a pesar de las preocupaciones!