La luz en las manos nos habla de un servicio que brilla y refleja el esplendoroso amor de Dios. El aceite es un símbolo del Espíritu Santo. Así, que el consejo es realmente útil. La insensatez de no atenderlo implica locura y sequedad interior. La prudencia de seguirlo implica sabiduría y conocimiento. Necesitamos Su plenitud latiendo en nosotros para brillar, resistir los embistes de la tentación y la presión. Llenarnos de Él fundamenta nuestras vidas y nos da firmeza y fuerza para lo por venir. Él nos ilumina, fortifica, alegra, nos inunda de frescura y nos capacita.
¡A por hoy y vigila el nivel de aceite de la vasija!