Eliminemos de nuestros corazones cualquier cosa que destruya nuestra satisfacción en Él. Alejemos de nuestro corazón aquello que ahogue el reinado de Cristo en nuestra mente. Limpiemos nuestra alma de sombras, para que brille su Gloria… y que hoy reine con libertad, con total libertad el Amado de nuestro corazón. Que reine de tal manera que nuestro ser se expanda con poder en este presente.