Cada día es un regalo de Dios. Lo que más satisface es Su cuidado, Su atención a cada detalle de nuestras vidas y de este minúsculo mundo que cabe en el hueco de su mano. Su aliento nos sostiene y su Providencia nos protege. Dios sabe que cosas necesitamos y El nos las dará a su debido tiempo; porque sus promesas son ¡Si! Y ¡Amén!