Podemos elegir estar dónde nosotros queremos o desear estar dónde Dios quiere que estemos. No es sencillo conocer qué quiere Dios. Implica un proceso de maduración cerca de Dios, escuchándole y conociéndole. Como dijo alguien: “Requiere un éxodo de la carne al espíritu”… y añado que en ese éxodo las aguas se abrirán y veremos el camino. Tremendo privilegio.