Reafirmemos nuestra confianza en Él, como lo hace el salmista. Elevemos el corazón a nuestro Padre pidiendo protección, refugio y victoria… no tenemos mejor cobijo ni apoyo. Alabemos a nuestro Dios porque no seremos avergonzados. Él nos ama y como Padre Perfecto que es, quiere lo mejor para cada uno de nosotros.
¡A por hoy dependiendo de Él que no nos defraudará!