Ayer meditábamos en la alegría, en la paciencia y la constancia. Hoy deseo resaltar que estas actitudes van de la mano de cosas sorprendentemente reales. La alegría está ligada a la esperanza. Una esperanza que no avergüenza, real. La paciencia se cultiva en las dificultades. Te capacita madurando la fortaleza interior. Y la constancia en la oración te abre las puertas del mismo cielo. Que privilegiados somos.