"Quien tiene un amigo tiene un tesoro".
Me gusta mucho este refrán español que pondera la amistad leal y verdadera al nivel de un tesoro. Creo que estamos todos de acuerdo si decimos que tenemos muchos conocidos, pero que es mucho más difícil tener buenos amigos. Un amigo es alguien maravilloso, único, especial, de incalculable valor. Alguien con quien puedes hablar la verdad, porque sabes que sus palabras están inspiradas en el amor y el interés por tí. La medida de un amigo no se halla en las cosas materiales, como cuanto tienes o cuanto te puede dar, sino en otros valores a veces intangibles, pero que consiguen llenar nuestras necesidades en momentos especiales.
El evangelio de Juan dice: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos". Jesús es un buen amigo, Él nunca nos falla, no consiente con nuestras malas actitudes, nos corrige y nos dice las cosas que necesitamos oír, aunque a veces nos duela en nuestro corazón. Siempre amable y dispuesto a ayudarnos, Él se da desinteresadamente por nosotros. Aquí dice que "pone su vida".
Nuestra vida es el tesoro más preciado que tenemos, por ella somos capaces de todo, lo bueno y lo malo. Jesús puso su vida por nosotros, sí, así mostró su amor incondicional muriendo en la cruz porque nos amaba, y quería nuestro bien. ¿Conoces a alguien así, capaz de dar su vida por ti? Toma tu tiempo y piénsalo bien. Si la respuesta es sí, entonces querido amigo, conserva su amistad, cuídala, protégela, amala, porque has encontrado un gran tesoro.
Recientemente he leído una frase que me ha llamado mucho la atención, y ha originado esta reflexión. Desconozco su autor, si alguien que lee este artículo lo sabe, por favor, házla llegar para anotarlo. La frase dice así: "Todo el mundo quiere tener un amigo, pero nadie se toma la molestia de convertirse en uno."
Sí, creo que es cierta. Creo que somos bastante egoístas y solo pensamos en lo que los demás nos pueden ofrecer. Posiblemente hemos tenido malas experiencias, nos hemos dado de corazón a otros y estos nos han fallado, hemos sido heridos en lo profundo, y este dolor por el fallo de otros nos ha afectado negativamente, convirtiéndonos en lo que no queríamos ser.
Jesucristo es nuestro ejemplo. Él miró con ternura al traidor y dijo: "Amigo, ¿a qué vienes?" ¡Jesús permitió que le besara, y le dijo "amigo"! ¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo lo hizo? ¿Era verdadero su sentimiento y sus actos? Sí, y mil veces sí. Cristo era sincero en sus palabras y sus hechos. No dijo ni hizo nada que no estuviese de acuerdo con su corazón y la voluntad del Padre.
En otras ocasiones Jesús dijo: "Así que, todo cuanto queráis que los hombres os hagan a vosotros, así también hacedlo vosotros a ellos". "Llevad Mi yugo sobre vosotros, y aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque Mi yugo es cómodo, y Mi carga ligera"
El verdadero cambio, la verdadera revolución comienza desde dentro, en nuestro interior, en nuestra relación personal con el Maestro. Tenemos mucho que aprender y aplicar a nuestras vidas, y no solo en las formas externas, sino en las internas. ¿Cómo quieres que te traten a ti? ¿Cómo quieres que sean tus amigos? "... así también hacedlo vosotros a ellos".
Mira a tu alrededor, ¿a quién ves? ¿qué está sucediendo? Te invito a hacer una reflexión, ¿como puedes ayudar a los demás? Debemos ser prudentes en nuestro trato con nuestros semejantes, pero no debemos ser distantes. No permitas que la frialdad del mundo te convierta a ti en alguien frio. Mira a Jesús para aprender de Él, mírate a ti mismo para cambiar cosas y después mira a tus semejantes para darte por ellos.
Hoy puedes tener una buena oportunidad para ser un buen amigo de alguien que lo necesita de verdad, no la dejes escapar.