Quizás las lágrimas rueden por tus mejillas, sin poder contener la tristeza. Descansa y recuerda que Dios ve tus lágrimas y las enjugará con todo cariño. Acércate en este día a su presencia y busca su consuelo. Dios la guarda en una redoma, porque tú y yo somos muy importantes para Él. No dudes y ten esperanza que el vendrá a socorrerte. Él es fiel y no deja caído al justo. Que bueno es nuestro Padre perfecto.