Sin lugar a dudas, el Espíritu Santo puede hacer que marquemos la diferencia allí donde estemos. Cuando Él toma el control de nuestras vidas, entonces podemos amar, perdonar, ayudar y servir como lo hizo Jesús. Nuestros valores, habilidades, dones, etc... los ponemos al servicio de nuestro Señor y le pedimos que Él obre en nosotros, pero también dejamos nuestras debilidades, temores, prejuicios, miedos, etc... y de igual modo Él obra. Todos y de todas las formas, necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para marcar la diferencia.