Muchos hemos experimentado la sensación de abandono o la soledad sin sentido. Eso provoca desaliento, melancolía, tristeza e incluso desánimo. Muchos también hemos experimentado la amistad y el compañerismo con Jesús, a través del Espíritu Santo. Él jamás nos abandona es un Amigo Fiel y su amor incomparable. Su presencia, sinceramente, llena cualquier hueco de nuestra mente. Su fortaleza, su voz suave y dulce, su compañerismo… liberan de ese peso que produce la soledad desierta. Él es el que está siempre a nuestro lado revistiéndonos de poder y vida completa.