Al final de cada día, debemos ajustar cuentas con nuestro Padre Celestial, para poder comenzar un nuevo día desde el descanso y la paz que sólo Dios nos da. Nuestras victorias y derrotas, nuestros éxitos y fracasos, lo dejamos todo en las manos amorosas de nuestro Dios. Limpiamos nuestros pies del polvo del camino, tomamos nuevas fuerzas y en el amanecer de un nuevo día volvemos a extendernos hacia adelante en la carrera de la fe. ¡A por hoy mirando a Jesús!