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¡Buen día a tod@s!

"No temas, cree solamente"

El temor impide la acción. A veces, estamos más centrados en nuestras debilidades, que en nuestras fortalezas. Si enfrentamos cada desafío con fe y andamos convencidos de que Dios camina a nuestro lado, la fortaleza interior aumentará y la certeza hará que nuestras acciones nos impulsen a crecer y a avanzar. Si Jesús reina en tu vida, el temor y la angustia dan paso al gozo y la confianza. La fe que persevera siempre verá fruto.

¡A por hoy creyendo!

No hay música más dulce

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo ... el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier tribulación ... "
(2ª Corintios 1:3-4)


¡Cuánta necesidad tenemos de amar y ser amados!

Dice una hermosa leyenda, que los ángeles tienen dulces campanas en el cielo y las hacen sonar en el crepúsculo. Sus notas forman una melodía fascinante… pero nadie puede oírla salvo los que tienen el corazón libre de pasiones y de todo pecado.

        Es solamente una leyenda. Nadie puede oír el sonido de las campanas celestiales. Pero hay una música mucho más dulce, son los que llevan una vida de dulce paciencia, de tierno interés por los demás, de amor abnegado, emiten una música cuyos acordes son arrebatadores.

        El corazón que siente la aprobación procedente de un hecho de misericordia, sabe que no hay música más dulce con la que el espíritu se pueda alimentar. Al endulzar la vida de los demás, al aliviar la amargura del hermano, el alma halla su avance supremo y la más noble bendición. La vida que rota al paso de esta vida es como el arco iris que aparece tras la lluvia. (J. Millar)

        Los ángeles no pueden ofrecer compasión porque nada saben del dolor de la vida humana. En un cuadro de Domenichino aparece un ángel parado junto a la cruz vacía. Toca con el dedo una de las agudas espinas de la corona que llevó el Salvador al morir en la cruz. En el rostro del ángel se refleja una profunda extrañeza. Trata de descubrir el misterio del dolor; él nada sabe del sufrimiento, porque jamás ha sufrido. No hay nada en la naturaleza del ángel, ni en la vida del ángel que le permita a éste interpretar la angustia o el dolor.

        Ocurre lo mismo con los seres humanos que nunca han sufrido. Si fuéramos hijos de consolación nuestra naturaleza se enriquecería con la experiencia. Por naturaleza no somos gentiles con todos nuestros prójimos. En nosotros hay una aspereza que necesita ser suavizada.

        Tenemos una aptitud extraordinaria para prestar oídos sordos a los sentimientos de los demás, para olvidar el dolor de muchos corazones y las pesadas cargas que llevan. No somos amables hacia el dolor, porque nuestro corazón no ha sido sometido al dolor. Ni siquiera las mejores universidades nos pueden enseñar el arte divino de la compasión hacia la persona sufriente. Tenemos que caminar nosotros mismos por profundos valles, para luego poder guiar a otros. Debemos sentir  con el que siente y ayudar a los demás en los momentos difíciles y dolorosos de la vida.

“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, Y cuyo nombre es el Santo; Yo habito en la altura y la santidad, y con el espíritu contrito y humilde para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados”. (Isaías 57:15)

(Recopilado por Vicente Galán)