La mejor medicina contra todo dolor y pena; poner los ojos en Jesús, ¡qué grande gloria! depositar mi voluntad en las manos de Jesús, guardar su amor en mi corazón y recostar la cabeza en su pecho: ¡Esto sí, alivia todo dolor! “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él". (1ª Juan 4:9)