Renovemos nuestra confianza en Dios. Cuando desfallece nuestro espíritu y nuestras fuerzas escasean… gritemos con un corazón crédulo: ¡Mi única fuerza eres Tú! El fortalecerá tu corazón y renovará tus fuerzas. Él no nos deja jamás y nunca se cansa de nosotros. Él es nuestro Ayudador, nuestra Roca firme.