Que nuestros pensamientos y emociones se fundamenten en Cristo. Sus colores: nobleza, honestidad, justicia, amabilidad, verdad, virtuosidad… El resultado será un cuadro de una belleza, calidez y calidad humana extraordinaria. La vida, vivida así, trae salud y vitalidad renovada.
¡A por hoy, con el pincel de la voluntad dispuesto a “untar” en los mejores colores!