Tener una mente humilde y actos amables delante de Dios y de los hombres, te ayuda a conocer y hacer la voluntad de Él. El manso está satisfecho y lleno de alegría. Guarda silencio, sabe esperar y crece en sabiduría. Soporta los golpes de la vida, ya que sabe que tienen un propósito. Son flexibles y disfrutan de la meditación. Tienen un corazón de carne y son coherentes. A estas personas Dios les dice, que conquistarán “el terreno prometido”.