El espíritu del hombre, ¡qué cosa más curiosa! Si recibiese todo lo que ofrece el mundo y el universo, no encontraría placer verdadero. Pero cuando vuelve a su lugar en Dios, aunque carezca de todo, dirá: ¡Estoy plenamente satisfecho! “Tú eres mi Señor; ningún bien tengo fuera de ti.” (Salmos 16:2)