La
turbación no nos deja ver con objetividad las circunstancias. La
contestación defensiva no arroja luz a los sucesos, ni es portadora de
paz. La respuesta iracunda al final trae calamidad. El que es templado,
serena su mente y alimenta sus acciones y reacciones influenciado por el
Espíritu Santo. Trae a su vida sabiduría, prudencia y honra. Rasgos
propios de la justicia de Dios. Ensanchemos el amor de Dios en nuestros
corazones y vivamos manifestando fruto apacible.