¿Qué es un bien? Todos entendemos como algo que nos beneficia, es bueno para nosotros y además nos produce una satisfacción, eso es un bien. La comida es un bien, la vivienda es un bien e incluso algo no tangible como por ejemplo, la seguridad pública. Sin embargo existen en la actualidad muchas definiciones y nomenclaturas para agrupar los diferentes tipos de bienes que tenemos a nuestro alcance (no siempre a nuestra disposición).
Ahora existen bienes sociales, bienes inmuebles, etc. Pero me quiero referir a una categoría en particular; los llamados bienes de consumo. Estos son todos aquellos que sustentan todas nuestras necesidades primarias y se hacen imprescindibles para la vida diaria, o al menos esto es lo que hemos asumido a través de los medios publicitarios. El consumo no es malo ni condenable, al contrario es necesario, pero la tendencia a consumir sin restricciones ni limites y de forma continuada, independientemente de las necesidades, si es algo que debemos señalar.
El consumismo es esta tendencia y la publicidad la refuerza constantemente. Tampoco vamos a condenar a los medios publicitarios, pues la comunicación es importante para cualquier actividad humana, pero los emisores no siempre actúan con ética o diciendo la verdad. En general damos por hecho que la publicidad engaña y que deslumbra con la única intención de que paguemos por algún objeto o servicio. Creo que nadie se escandaliza por saber que nos ofrecen un sueño y nos venden un producto, es su trabajo.
Las grandes empresas de marketing invierten mucho dinero en estudios de comportamiento humano y de los procesos de decisión para que al final de un anuncio en prensa o televisión, nuestra voluntad se vea influida de forma muy precisa y altere nuestras decisiones. Lo más importante en la publicidad es todo aquello que rodea al producto y es precisamente en lo que menos reparamos. De este modo vamos acostumbrándonos a este tratamiento sobre nuestra voluntad hasta que se incorpora a nuestra forma de vida. La empresa de estadísticas “Footfall” asegura en su “análisis europeo de las tendencias de los compradores” que España se sitúa a la cabeza en cuanto a visitas a centros comerciales, por encima de Reino Unido o Francia.
No propongo una vuelta a la sociedad del trueque ni intento desacreditar todo lo que suene a mercantil o comercial, pero si invito a la reflexión. En el mundo del Derecho Civil se dice que la posesión implica la propiedad, bajo este principio; ¿Quién posee a quien? ¿Quién es el propietario, los bienes o las personas?
La Biblia desde hace 2000 años advertía de esto: “Todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Desde hace mucho tiempo el ser humano es presa fácil cuando algo es agradable a los ojos y codiciable, y esto siempre ha traído como consecuencia la pérdida de la libertad. ¿Ahora seguiremos siendo tan fáciles de engañar?