Si estás en un momento difícil no te sumerjas en él, ni te hundas… no dudes. Mantén la mirada en Jesús y no en las circunstancias. En medio de las situaciones que nos preocupan, la voz de Dios puede traer calma serena a tu alma. El afán y la angustia te puede aturdir el presente, pero la fe y la esperanza pueden hacer que cada circunstancia sea una oportunidad para fortalecer la fe. La duda que hace vacilar el paso, debe disiparse por la mano firme de Dios que nos sostiene y nos recuerda que nosotros valemos más que los pajarillos que él cuida cada mañana. Levanta la mirada, ponla en Jesús y fuera las dudas.