La
iglesia no debe ser el reflejo de la sociedad sino de Cristo. Él fue y
es generoso para con todos. Se acercó a aquellos a quienes la sociedad y
la religión rechazaban. También fue solidario, bondadoso,
misericordioso, lleno de compasión por todos... sin excepción. Él fue
el buen samaritano, quien nos recogió en nuestra desesperación y dolor,
sanó nuestras heridas y pagó nuestra deuda. Si de verdad estamos con
Cristo, debemos andar como Él anduvo.