¡Cuánto nos cuesta esperar! A veces es lo más difícil. La fe verdadera es capaz de esperar y no es una espera que indique resignación o pasividad. Es un silencio que indica confianza, templanza y seguridad. Es un silencio convencido de que Dios obrará. La persona que guarda silencio y espera vive en el reposo de la fe y nada altera su seguridad en Dios. Hoy es un buen día para aquietar el corazón, deleitarnos en el Señor y esperar en Él.