Que ejemplo de humildad y de fe. Frente a la gran noticia y a lo peculiar de la misma, la Virgen María no se concentra en las dificultades o preocupaciones. Ella pone toda su atención en el Dios Todopoderoso y alaba y engrandece su nombre. Ella vislumbra la salvación, el gozo de la salvación y se regocija. Su espíritu disfruta con el cometido que Dios le da y abraza el propósito de su vida adorando y confiando. Pronto cerraremos un año más y espero que nuestra actitud sea parecida a la actitud de la madre de nuestro Redentor: Creer en el Todopoderoso Dios.