Qué verdad es. Dios no falla jamás. Cuándo piensas que está todo acabado, siempre nos sorprende. Cuando escasea la esperanza y la confianza está a punto de extinguirse, la mano de Dios se hace visible, allanando el camino, abriendo una puerta o facilitando una solución. Digamos: ¡NO al desánimo! Él obrará, seguro que lo hará. Levantemos la mirada al cielo, que ciertamente lloverá.