La palabra consolación significa "aliviar a alguien de una pena o aflicción" y estas deben ser dichas siempre con dulzura. En muchas ocasiones mi alma ha rehusado el consuelo del Señor, la pena era tan grande que no me dejaba escuchar su voz. Si Dios me hubiese gritado o hablado más fuerte... pero esa no es su forma de hacer. Su voz es un silbo apacible y delicado que llega hasta el alma. ¿Tienes en poco las consolaciones de Dios?