Que hoy andes con la convicción de que la fuerza del Señor se manifestará desde el verdadero descanso en Él. Es una paradoja que se cumple. Cuando nos esforzamos y eso nos lleva a la aflicción, el cansancio, las lágrimas y a hundirnos en nosotros mismos estamos desconfiando de Dios. Sus promesas son fieles y Él jamás se desdice…entonces andemos quietos, serenos, templados, sosegados que seremos fortalecidos y vigorizados como nunca hubiéramos imaginado.