La bendición del Señor es la que enriquece, la que nos hace verdaderamente felices, nos fortalece interiormente, nos consuela. Cuando logramos elevar nuestro pensamiento y corazón a Dios, y sentimos como Él nos bendice, entonces no hay quien nos detenga, podemos caminar y pelear la buena batalla de la fe. ¡A por hoy buscando la bendición de Dios!