Pasa un tiempo en comunión con Dios. Derrama tus preocupaciones con sinceridad y verás cómo cambia la perspectiva de las cosas. Las cargas pesadas son quitadas, la aridez se refresca, todo se aclara, nuestra alma se fortalece y nuestros pies se afirman. La debilidad se aleja y su poder se perfecciona en nosotros.