Os invito a practicar este ejercicio: No centrarse en las dificultades, no concentrarse en las circunstancias que te rodean ni en aquellos que te rodean, que no favorecen tu crecimiento. Mirar a Dios, considerar su propuesta de protección, de cuidado, de guía y creer. La fe se robustece y trae fuerza y paz al andar el camino de la vida.
¡A por hoy aceptando la invitación de aliento de nuestro Señor!