En un generación de prisas y velocidad la paciencia y la prudencia son pilares para el bienestar de nuestras vidas. Seguir este consejo en cada detalle, decisión y acción nos hará expertos y sabios en la cuestión de vivir. No nos apresuremos a decidir, no corramos a “arreglar” las circunstancias, no nos impacientemos y perdamos la calma y el reposo de la fe. ¿Qué haremos hoy? Creer y andar al paso que Dios marca. Esperar en Él y descansar en sus promesas.