El agua limpia refresca y calma la sed fundamental para vivir. Igualmente el Espíritu Santo renueva y refresca nuestro interior. Hoy podemos experimentar un nuevo vigor si dejamos que Él se haga grande en nuestras vidas. Él es una fuente inagotable. Tenemos sed interior esta mañana, acudamos al manantial de la vida y sintamos la satisfacción de la plenitud.