Anda firme, anda con rectitud y sé integro. Vale más tener paz, que correr y tropezar por alcanzar objetivos ajenos a la voluntad de Dios. Apoya tus pies en terreno sólido, terreno de fe, esperanza y verdad. Huye de la incertidumbre, la inquietud y el “hacer deshonesto”. Empieza el día con la mente despejada, el corazón bombeado por la gracia de Dios y el cuerpo revitalizado por el alimento verdadero… y vive, sonríe, avanza y logra aquello que realmente te hace ser una persona útil y grande de espíritu.