Quien nada desea sino a Dios y su más bendita voluntad, podrá, en toda circunstancia, hallar la paz en el alma. Pase lo que pase: Él será siempre su anhelo. Quien escarba donde no hay, sólo aumentará el sufrimiento. “…Mi comida es que yo haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra”. (Juan 4:34)