Así como la luz natural da vigor y salud al cuerpo, así la luz de Dios da gozo y fortaleza al espíritu. La luz permite ver las cosas como son. Nos permite verle a Él con claridad a través de su Palabra y del Espíritu Santo. Él se manifiesta clara, abierta y tiernamente. ¡Él es luz! Nosotros somos hijos de luz, andemos cerca del prójimo y de Dios con claridad, abertura y amor. La luz de Dios disipará cualquier tipo de tiniebla. ¡A por hoy alumbrando!