No se si me gusta la forma mecánica de hacer las cosas. Creo que por mi carácter me gusta la forma reflexiva, combinada con la espontaneidad para ejecutar o realizar cosas. Las formas siempre me han aturdido mucho y siento como si quisieran encorsetar mi forma. Si, mi forma… lo he dicho. ¿Cuál es mi forma? Pues la suma de muchas formas.
La forma, es un molde en el que se vacía algo para darle peculiaridad. Nadie queda libre de los moldes sociales. ¡Nadie está libre! Visto así puede sonar deprimente y es que en cierta manera lo es. Sólo hay dos formas; la de la luz o la de las tinieblas. Puedes estar consciente o inconsciente de esta verdad, pero andas por ella cada día. Al poner tus pies en el suelo frio cuando amanece, ya empiezas a vivir bajo una de las formas prefijadas.
Tú eres libre para elegir, pero nunca olvides que elijas lo que elijas el final ya está dibujado. Ahora el camino de las tinieblas se ha montado su “movida” de manera espectacular; Ha elegido la forma “mecánica”, la forma que provoca irreflexión, el automatismo, un hacer las cosas dejándose llevar por los instintos momentáneos y dejar de ser uno mismo para confundirse en el mogollón del botellón, o del consumismo, o de cualquier lucha prefigurada por nuestras neuras, indisoluble y totalmente superficial. Si, eso es; de forma “mecánica”.
Nos hemos montado un mecanismo de defensa para evitar la angustia del compromiso que amenaza al “Yo”, más desdibujado que nunca; pero se alza con una fiereza digna de un leopardo que lleva un mes sin probar carne. El mecanismo es juzgar todo aquello que nos demanda responsabilidad y coherencia. Algunos dicen, que la familia es una forma mecánica de proyectarse en la sociedad y la religión son un montón de rituales vacíos. ¡Genial! Así, de un plumazo nos cargamos las dos instituciones universales que Dios instauró en la Creación, para un desarrollo sano de la sociedad.
Me gusta ver las formas agresivas, individualistas, narcisistas y vacías de los rituales sociales que practica el hombre del siglo XXI. No hay formas, no hay mecanismos, no hay rituales, no hay dependencias, en realidad no hay nada. “Nadas” son los contornos de las formas que nos rodean. Nada en política, nada en religión, nada en comunidad, nada en sociedad, nada en comunicación… todo en información, todo en avances, todo en “nada”.
Cada vez se va menos a votar, cada vez se cree menos en la gente, cada vez nos asustamos menos de los males ajenos, cada vez hay más desequilibrios ecológicos y biológicos. Son nuestras formas. Pero gracias a Dios, que hay una forma única, exclusiva, final, que permite que todo este contenido que acabo de verter tenga un sentido bondadoso, tenga una finalidad efectiva; y es justamente lo contrario a la forma mecánica de hacer las cosas. Es la forma del “Amor”.
El Amor hace que mi contenido tenga sentido, me ayuda a creer en el prójimo y me permite acercarme a Dios con naturalidad. Me permite ver la existencia desde una perspectiva llena de vida y autenticidad. Me encanta vivir la comunidad y sentir el roce moral de las personas que me ayudan a crecer y a madurar. Me encanta la interacción de la familia, porque somos más personas, somos más padres, más madres y más hijos. Me gusta esta forma porque el Amor lo remueve todo, lo revoluciona todo y huye del protocolo, de los procesos fríos, del juicio severo y de la defensa.
La rutina se va, lo automático pierde fuerza, lo indigno no se practica y la plegaria es una constante en aquellos que huyen de la forma mecánica para experimentar un Amor que excede a todo conocimiento. La forma única, está llena del Amor que ha sido derramado en nuestros corazones. Tenemos un montón de posibilidades para sentir nuestra autenticidad en las manos de Dios. En forma de Amor el contenido es maravilloso, eternamente especial.