Empecemos el día admitiendo nuestras limitaciones y reconociendo nuestra necesidad de Dios, y entonces seremos realmente fuertes. La verdadera fortaleza está en situarnos realmente en el interior de nuestro ser. Hay muchas fortalezas que en realidad esconden tremendas debilidades y hay debilidades que reconocidas y puestas en las manos del Señor nos hacen genuinamente fuertes y libres. Su poder se perfecciona en la debilidad y no de otra manera.