Qué privilegio tenemos de hablar con Dios. Ahora bien, lo asombroso es oír al propio Dios hablándonos. Su Palabra está a nuestro alcance. Su voz tuvo el poder de crear el universo, de calmar la tempestad, de consolar, de fortalecer, de transformar… cómo no escucharla; cómo no leerla.