La incertidumbre de la vida nos debería hacer más humildes. Ciertamente nuestra vida es una neblina que aparece y desaparece. No sabemos que nos deparará la hora siguiente. En realidad somos criaturas frágiles. Dios quiere que hagamos planes, pero sin angustiarnos por el mañana. Dios quiere que crezcamos y negociemos, pero contando con Él. Nuestro futuro eterno está asegurado y sabemos que nos deparará; pero en el recorrido espacio-tiempo demos a nuestro Padre celestial el lugar que le corresponde y vivamos desde el gozo y el reposo.