Cuando nuestra mente se llena de dudas a causa de las tensiones cotidianas, el Señor renueva nuestra esperanza. La confianza en un Dios lleno de recursos ahuyenta la tristeza, el enfado, el bloqueo, el estrés… Si acudimos a Dios para explicarle claramente nuestra circunstancia, Él responde siempre. Es inexplicable pero el desconcierto se vuelve firmeza, la tristeza se transforma en baile, el enfado se disipa y da paso al amor. La inseguridad desaparece y el coraje reaparece con mayor fuerza.