¿Quién no ha creído de pequeño en los reyes magos, cuentos de hadas, duendes, sirenas o el Ratoncito Pérez? ¿Quién no ha querido viajar a mundos fantásticos, llenos de monstruos o al país de Nunca Jamás?
Cierto es, que cuando somos pequeños el desarrollo de la imaginación hace que veamos el mundo diferente, con más ilusión y es que es natural que el ser humano desde que empieza a tener consciencia ponga su confianza en algo externo, algo grandioso y maravilloso aunque sean unicornios y mundos paralelos.
Pero según vamos creciendo nos damos cuenta de que las hadas no existen, el país de Nunca Jamás se queda en los cuentos, y los reyes magos son los padres. Es de locos andar diciendo a tus amigos que aún sigues creyendo que el Ratoncito Pérez espera tus dientes.
Hoy en día parece que Dios es una fantasía más. A medida que creces la realidad te azota y tienes que darte cuenta de que eres tú contra el mundo y no hay nada más. A la gente le parece una locura ir por ahí diciendo que aún sigues creyendo en Dios. Y ¡ay de ti si Dios es el centro de tu vida y tu salvador! “¿No eres ya mayorcito para andar creyendo en esas cosas?”
Desde una realidad, con la esperanza puesta en Dios, les digo a todas esas personas: ¿No veis que hay Algo mucho más grande y que no es una fantasía? La naturaleza habla por sí sola. La tendencia del ser humano lo empuja a buscar algo a lo que aferrarse. No es triste creer en Dios. Triste es tener una vida vacía y sin sentido. ¿En serio piensas que solo estás en este mundo para vivir y morir? ¿No te has dicho a ti mismo muchas veces.- “tiene que haber algo más”? ¡Ah! Ya lo entiendo. Es mucho más fácil quejarse a creer en Dios, o hacerle culpable de todo, simplificar la vida y no adquirir grandes responsabilidades, ni quebraderos de cabeza. Es más fácil mirar a tu alrededor, a lo tangible; pero tú y yo sabemos que hay algo más.
No es de locos creer en Dios, de locos es negar su existencia.